
Por lo que se ve, soy una de las escasas personas que de la visita de Sarko, no se enteró de la ropa y demás aderezos de su parienta, la Primera Dama, Carla Bruni. Sólo me quedé con lo "serio": terrorismo, comunicaciones y G 20 y, por supuesto, del debate que propició la fotografía en los periódicos en lo que salían los cuartos traseros de Letizia y Carla.
Me pide una lectora en un amable email que haga la crónica social de los vestidos, pero sólo me voy a referir a una parte, y ya le adelanto que no se fíe un pelo de mis opiniones. Escribo de memoria y tras mirar hace un rato en VIP´S el "Hola", confundo un poco la gala hispano-hindú con la hispano-francesa. Pero lo esencial, es decir, lo accesorio, si que se me ha quedado grabado.
Primero, no entiendo estos festorros de miles de invitados y vestidos y joyas rutilantes. Pero como como son un dogma que tiene que ver con la Monarquía, y según dicen los sabios la Monarquía garantiza el buen funcionamiento de la Democracia, pues adelante.
¿Qué pasa con Letizia y Carla? Que son las dos guapísimas, como están flacas y proporcionadas, cualquier trapo les sienta de cine, pero si es alta costura, mucho mejor. La española repetía diseño de Caprile (ay... que no lo tengo claro), aquel que sudó por los sobacos la noche anterior a su boda. Se lo habían reformado y le habían puesto tirantes. Un recogido y "la griega", esa diadema que me deslumbra, y que forma parte del ajuar que los reyes de Grecia dieron a la reina Sofía. Letizia llevaba su banda con un imperdible - horror- bien visible y unos taconazos con plataforma que la ponían casi a la altura del suegro real. Me ha parecido guapísima, bien maquillada, pintada y en su sitio. Vamos, que la ex periodista puede competir en clase y bellezón con la ex modelo y cantante. Aunque siempre pienso que esos zapatones no la favorecen nada y que el día - Dios no lo quiera - que dé un traspiés... Me la imagino siempre en casa los los pies metidos en el bidet lleno de hielos, tras estos saraos. Claro, que puestos a pensar, Letizia es más que una bonita silueta, una sonrisa agradable y trajes de marca: tiene cerebro.
La Bruni es la modelo que más me gustaba en su tiempo. Tenía un aire señorial, aristocrático y de pasar de todo, que quedaba bien incluso cuando enseñaba el trasero. Madre soltera - ¿o se casó? - fue pareja de mulitud de estrellas - los citaba por fax- y luego se hizo pareja de un filósofo francés, hasta que se encaprichó del hijo, con el que tuvo un retoño.
Carla se ha criado entre obras de arte, conciertos, gente de la aristocracia y para ella los palacios, como los focos, son su habitat natural. Tiene además clase como cantante, y recuerdo esa canción deliciosa dedicada a su ex "Raphael", que la que habla de que amor, para ella tiene seis letras.
Luego, verla como esposa de Sarko, fue un tanto curioso. Ella no ha renunciado a sus cosas, sus costumbres, pero se ha entregado a ser embajadora de Francia, además de Primera Dama. La Bruni llevaba un Dior de terciopelo azul noche, el cabello recogido y una diadema. Su banda, como la de doña Sofía estaban en su lugar sin alfileres, y lucía una preciosa pulsera de oro blanco y diamantes, de inspiración antigua y un bolso joya de plata labrada. Y zapato plano, imagino que para no sobrepasar más de la cuenta a su Nicolás, que lleva en los zapatos alzas de 7 centímetros.
Y no se me ocurre más.
Dos personas que quizás dificilmente se hubieran imaginado la una princesa de España y la otra , una aristocrata, mujer de un presidente republicano. Las dos han tenido una vida libre, amores y tienen una cabeza que les sirve para algo más que para llevar las diademas.
Las dos han tenido un noviazgo y un matrimonio proceloso. Las dos son cultas e interpretan su papel con diligencia. Ambas eclipsan a sus parejas y les dan brillo y esplendor.
No sé muy bien para qué sirven, pero quedan bien en cualquier lugar, en esa era en la que imagen hace esclava a todo el que entra en el sistema. Menos a esa cantante extranjera feísima que triunfa en todo el mundo.
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