martes 9 de junio de 2009

BORIS, ENRIQUE LAFUENTE Y MI PRIMER DIA DE PSICOTERAPIA


Boris Izaguirre presenta su nuevo libro, que no sé cómo se llama, y viene con sus padres. Llena la sala y se alegra y saluda a su amigo, el diseñador aragonés, Enrique Lafuente, mucho glamour exportado y exportable que de repente parece hacer olvidado el Gobierno de Aragón. Menos mal que lo tienen muy presente fuera de Aragón como artista y como intelectual. A caballo entre Madrid y Barcelona gracias al AVE, Enrique puede ganarse la vida y además hace por Aragón mucho más que toda esa gente a la que se le llena la boca como quien le echa monedas a una máquina agradecida. Estaría bien pasar de tanto bombo y reconocimiento a la gente de fuera cuando hay paisanos aquí que tienen ya un marchamo de calidad impecable, un curriculum vitae magnífico y que son profesores lejos de Aragón. Pero aquí, échense las manos a la cabeza, no existen por la triste casualidad que la gente que podría llamarlos para algo NO LOS CONOCE. No tiene memoria histórica, ni edad, ni la humildad suficiente como para aprovechar a una generación que frisa los 35-45 años y que no existe en sus cabezas, pero si en Aragón.

Hoy me preparo para ir al psicoterapeuta. Hace tiempo que lo llevaba en mente y por fin me he decidido. ¿Cómo le cuentas a un tipo tu vida? ¿Por qué? ¿Sirve de algo? Yo he leído hace poco una novela negra llamada "El Psicoterapeuta", lo que es un incordio porque te cuenta que cuando no saben de qué hablar se callan. Que repiten tus preguntas, Etc.
Nos tratamos de usted y quedamos todos los martes de 12 a 12.55 h. Tiene un sofá de esos que salen en las películas, tipo chaise longue, de un azul como los ojos de Darek, pero me siento en un butacón.

Hablamos de trabajo. Y de la falta de él. No.
Yo hablo.
El problema es que tras él, por la ventana, veo a los sin techo que se agolpan para comer en la Parroquia del Carmen. Se lo digo. Corre la cortina.

Le digo que duermo fatal. Y que no creo que vaya a obtener beneficios con su tratamiento, pero que prefiero probar a tomar pastillas. No se lo toma a mal. Yo creo que está acostumbrado.


El viernes me volvieron a tomar el pelo en una entrevista de trabajo, aunque el trato fue inmejorable. Detecté que el tío estaba más sin trabajo que yo y que se daba importancia ofreciendo trabajo. Pagué yo la cuenta de los vinos que nos tomamos. Sin palabras.

Me encuento con el diputado en cortes generales Pepitomaría Sánchez y nos tomamos un vino blanco en los Damascos. El no había estado nunca allí, con la historia que para el socialismo tiene ese bar. Se dedica a darme ánimos. Bueno... hum... Y también le van las barricadas. Hay cabreo gordo con la tele autonómica. Me dice que "cuando llegue el PP no tendrán nada que hacer porque tienen colocados ya a los suyos". Yo alzo las cejas: "pues han fichado ahora a la Nieves Herrero", me dije". Le digo que yo paso de líos, que será alguna productora y me dice que si. No entiendo absolutamente nada. Ah, Este imagino que es antiprisa y proroures, es decir, de mediapro. Pues entre las sevillanas y las sardanas no sé qué es adecuado elegir.


Se lo preguntaré al psicoterapeuta.


Me voy a la Feria del Libro. El "abuelo" me firma el del Beduino. Leo parte y está la socarronería de Labordeta, pero si es verdad que Labordeta es ése, como que a mi no me suena mucho.

Ay... estoy un poco triste y tierna. Veo a Juan Bolea - Juancho en familia - y como no hay nadie cerca conocido me abrazo de él como si fuera una roca. Juan es la roca que nunca falla. Oigo a uno que pasa, decir: "mira, ésa que abraza a Bolea es la gorda de la televisión". Me da la risa tonta y paso del refugio del pecho a Juan a compartir risotada con él: "qué gafas tan bonitas de concha llevas Juan". Sobran las palabras.

"¿Cómo va todo, Barrancovicht?". Es que de pequeños jugábamos a los espías. "El otro día - le cuento - que me llamó por teléfono Ian Gibson. Bolea se retuerce de risa. Gibson intentó tratarme como a una rubia algo tonta - puede que yo diera pie a ello, conste - cuando presentó "El hombre que mandó matar a García Lorca" y salió el tema de Dalí, Lorca y Buñuel.

La rubia tonta o sea, moi même, y el escritor irlandés, mantuvimos un duelo verbal de primer orden durante más de una hora sobre la convivencia de los tres artistas durante y después de la Residencia de Estudiantes. Jejeje... A mi me ha formado Agustín Sánchez Vidal y he dedicado cientos de horas a ello. Me dio su teléfono y me pidió el mío.
Veo que se acercan Noguero y alguien más y me suelto de Juan. Nos guiñamos un ojo. "Este fin de semana ha sido la comunión de las gemelas", me está contando cuando se acercan. Nos despedimos.