viernes 5 de junio de 2009

LA GENERACIÓN DEL ORFIDAL


Adelanto que no tomo orfidal. Pero si lo hace la mayoría de la gente que me rodea. Esta mañana he tenido 5 reuniones para buscar trabajo y he comprendido, de golpe, la razón por la cual esta es la generación del orfidal. Una vez leí algo precioso que escribió sobre el tema el cantante Ismael Serrano. Lo buscaré, porque ahora es cuando lo entiendo.


Cinco citas baldías. Demasiado mayor, me dicen. "¿Y si a partir de los 35 años nos gasean con Ciclón B?" le pregunto a un pájaro, al que evidentemente no le hace ninguna gracia la reflexión, que no pregunta.


Otro soplagaitas, tras la quinta entrevista, que era para secretaria de Dirección, y en lugar de mirarme a la cara babeaba con mis tetas desde que he entrado, me pregunta que si hacía "trabajitos especiales para mis otros jefes". Yo, a cuadros. Y es irreproducible lo que me susurra a continuación el muy guarro. Aún así, me dice el muy capullo, sentado con las piernas bien abiertas en su cara silla del carísimo despacho, que "si yo tuviera 20 años menos, medio metro más y veinte kilos menos", el puesto era para mi, y los 1.500 euros. Me ha salido la vena cabrona y me he puesto el pie. El también. Entonces, mirándolo directamente a los ojos y sin perder la sonrisa le le respondido: "si eso fuera así, yo sería puta de lujo y no ganaría 1.500 euros al mes, ganaría 6.000 y al menos elegiría el cliente".


Así que he llegado a casa y me he dado una buena ducha. Me he comido medio quintal de helado de limón mientras veía la tele y luego me he quedado dormida. Con un sueño malo, irregular, molesto.


Vale que tengo mis ahorros y de momento no urge que escoja cartón para dormir en la calle. Pero qué poca delicadeza. Que falta de vergüenza. Qué mal rollo te da cuando intentan convencerte de que eres ya vieja para trabajar, porque te despojan de toda tu dignidad como ser humano. El derecho a trabajar es Constitucional. La Constitución compila las normas del juego y a un gran sector de la población, mujeres y hombres nos dejan fuera por arte de birlibirloque. Falta trabajo, de acuerdo. Hay una crisis, de acuerdo. ¿Pero soy demasiado mayor para trabajar de redactora de informativos? ¿Para trabajar en una oficina? ¿Quién lo ha decidido y por qué? ¿Qué edades tienen los que mandan?


Leeré un poco más, seguiré con mi programa sobre redes sociales y haré una visita por internet de la parte egipcia del Museo del Louvre. Bendito Internet.


1 comentarios:

Inde dijo...

Vaya panorama, la privada.

Y vaya panorama, la pública.

Lo que menos importa es la validez o categoría profesional. Lo que menos.

Y digo yo... ¿a nadie se le ha ocurrido pensar que quizás ahí, precisamente ahí, sea donde radique una de las principales causas de la crisis?