jueves 11 de junio de 2009

QUE TODO ESTO ES FICCIÓN, LEÑE


Qué pesaos, de verdad, estos que me llaman para decirme cómo cuento en público lo de mi psicoterapeuta. Que ésto es una F-I-C-C-I-O-N, que no refleja la realidad de mi vida. A ver, ¿con qué dinero voy a pagar yo a un psquiatra una hora semanal? ¿Eh? ¿Y desde cuando he tenido yo ahorros? Nunca. Pues eso.
Mi vida como parada sigue su curso. Esta mañana he estado en la oficina de un buena amigo donde hay ADSL para mandar emails a amigos bien colocados. Sólo un "pero". Tenía el aire acondicionado tan fuerte que se me han puesto las orejas y la rariz coloradas y los pitones tiesos. Eso lo hacían también en Antena 3 TV cuando trabajé, allí donde el Parque de Atracciones. Ponían el aire a tope para que a las chicas se les pusieran "las luces largas".
¿Y qué he hecho hoy? Enviar CV por internet, entrar en Facebook y leer En Portada, una revista que por un euro no tiene nada que envidiar a lo mejorcito de la ciudad. También he mirado la cuenta de la CAI. No me han ingresado ni un euro de los trabajos que llevo haciendo desde hace un mes. O sea, que voy a a seguir con el teléfono cortado, sin cine y sin cenitas. Yendo exclusivamente a actos de canapé gratuito, donde te ponen la cabeza como un tambor de Calanda con esos garrafones que te meten por quedar bien. Y encima, hay que darles las gracias.
¿Y las catas de vino? Yo con los palitos de pan no me hago. Primero, porque me bebo el vino, porque me fallan los reflejos cuando lo echo en la boca, y Dios me libre de escupirlo a los recipientes que quedan en frente, por si mi regalito se queda a mitad de camino. Es cuestión de puntería y nunca se me ha dado muy bien lo de encestar. Por eso admiro a gente como Jaime Abel, Director del Hotel del Hiberus, la delicadeza con la que lleva a cabo sus catas. Yo primero tripeo todos los palitos que puedo para que hahan colchón. Luego doy un sorbo - sólo uno - de cada copa, y ya he cogido un ciego de esos impresentables en los que pones todas las copas al reves, fuera de la numeración que ha otorgado la copa. Concluyo: las catas son para los profesionales.
(Joder, qué frío. Aquí me vendría bien el disfraz de oso aquel que robé en la tele autonómica)