La APIP (Asociación para la Promoción e Inserción Profesional), de Barcelona, ha publicado en su colección "Test Social" el trabajo titulado Trata y prostitución. Entramados de una economía criminal (2009). La base ética y empírica del mismo son "20 años de intervención social contra la explotación sexual de las mujeres: Centro Cabiria de APIP". Con un impresionante prólogo de Montserrat Font i Sanmiguel, Directora General de la asociación, merece la pena acercarse desde estas páginas a la realidad de la prostitución, que huye de posturas abolicionistas, que pretenden ser progresistas pero tras las que se esconden demasiadas miserias, violaciones, raptos, torturas... APIP afronta que la trata de seres humanos para el sexo es uno de los negocios más suculentos que existen en el mundo.
No es un libro sencillo, fácil ni meapilas, sino un ensayo riguroso pero exento de posturas dogmáticas y lo importante, lo realmente importante es que abre una ventana a la esperanza de mujeres que creen que ya lo perdieron todo.
Se cuentan casos reales, con nombres ficticios, de mujeres con las que se ha trabajado en Cataluña, Aragón y Valencia, donde está implantada esta entidad social, de más de 25 años de trabajo serio, callado y responsable, ayudando siempre a la Administración en la difícil tarea de integrar en el mundo laboral a los más desfavorecidos.
Por ejemplo, Anne, nigeriana, para dar de comer a sus dos hijos emigró a España. La información que tenía sobre la vida aquí contribuye a alentar el proyecto:
"Un amigo me dijo que en España podría tener una oportunidad, porque la gente nigeriana hablaba de que en España siempre hay trabajo y se gana mucho dinero."
En este proceso contó con recursos y ayudas de familiares y amigos. Inició el viaje en solitario e hizo gran parte del trayecto a pie por el desierto. Este viaje no le generó grandes deudas y no contó con el concurso de redes de tráfico ilegal de inmigrantes. Atravesó el Estrecho y empezó a trabajar ilegalmente, pero no tiene donde vivir y luego tampoco encuentra un trabajo. Un ciudadano nigeriano le ofrece vivir con él e inicia una relación emocional. Esta persona introduce rápidamente a Anne en la prostitución. Él mismo la lleva a un club y es él quien maneja el dinero. La relación emocional se transforma en pura explotación y, además, tiene dos hijos con esta persona.
Después de unos años, y después de tener los niños, él considera que Anne ya es vieja y ajada para trabajar en el club y entonces la abandona, se vuelve a Nigeria para casarse y se lleva a los niños. Anne comenzó entonces a ejercer la prostitución en la calle. No tiene ninguna capacidad para fijar precios ni condiciones, a lo único que intenta no renunciar es a utilizar preservativo. Aunque en años, desde que dejó el club, no se hace ninguna revisión médica ni la ha visto ningún ginecólogo.
Anne tuvo además de la dominación de su ex otras experiencias duras: "He tenido muchos incidentes violentos, muchos. Uno de los peores fue una paliza que me dio un chulo de otra mujer que trabaja en la misma calle por vajar el precio a un cliente. Me dejó marcas por todas parte y en el cuello aún se notan."
"La violencia es un componente estructural de la prostitución y está en la vida de las personas que la ejercen. Otra cosa es cómo cada una de ellas la valora. Y en esto la historia personal tiene un gran peso. Anne lo señala con claridad:
"En mi país sufrí todas las violencias y las miserias, en España, al menos, puedo confiar en poder llegar a cuidar de mis hijos." , añade el libro de APIP. Anne se siente derrotada.
Anne recuerda que los clientes en muchas ocasiones le muestran su desprecio, especialmente cuando van bebidos, la llaman negra; pero ella misma aclara que dado que el insulto y la violencia forman parte de su vida desde su infancia no le da mayor importancia.
Pero las cosas han cambiado, Conoció a APIP, comparte un piso, tiene atención médica y ha dejado la prostitución. Ha llegado a su vida un rayo de esperanza. Se está recostruyendo como ser humano.
"Su vida familiar se ha reconstruido en parte al poder tener ahora con ella a tres de sus hijos y también porque el contacto con sus compañeras de piso tiene mucho de vida familiar: cocinan conjuntamente, se responsabilizan colectivamente de los niños, salen a pasear juntas. Anne vive ahora un momento especial, más esperanzada, aunque reconoce que la tristeza la acompaña siempre y que ha pensado muchas veces en el suicidio. Ahora tiene un trabajo de media jornada, pero también la dificultad de carecer de un oficio y de que hasta ahora no ha recibido ninguna formación. Está a la espera de incorporarse próximamente a un curso de formación en APIP. Respecto a su relación con los responsables del Servicio de atención en la calle de APIP dice algo que se corresponde con su visión de la vida:
"No esperaba la ayuda, es lo mejor que me ha pasado, nunca pensé que alguien a quien te encuentras en la calle te pueda ayudar tanto." , se explica en el libro.
"Quizás es el mismo reflejo valorativo realizado desde una vida marcada por la falta de oportunidades, la desigualdad y el lugar que la sociedad confiere a la mujer, lo que dificulta poder pensar como ciudadana de pleno derecho. ", añade el libro.
Son visiones de una realidad que no gusta. Que es cada vez más grande. Que crece, que no hay modo de meter ya bajo la alfombra. Que hay que afrontar y a la que no sirve poner parches.
Devolvamos a las mujeres, la parte más pobre, la posibilidad de no "cosificarse" y a falta de otro valor, usar su cuerpo, vía la trata o no, como único modo de ganarse la vida.
Gracias, APIP.
1 comentarios:
Realidades distintas de la prostitución. Dos realidades conviviendo y que se mezclan continuamente: la realidad vinculada a la trata y la explotación sexual y la realidad de las personas maayores de edad que un día por circunstancias diferentes decidieron intercambiar sexo por dinero y sólo por este hecho son estigmatizadas socialmente, aunque el estigma no tiene en cuenta, tampoco, a las víctimas de trata, sino que se ceba aún más si cabe en ellas porque ya que tiene más peso para la moral imperante el hecho de que hayan intercambiado sexo por dinero (aunque hayan sido obligadas) y porque tienen menos recursos personales para hacer frente a este estigma:
http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/2009/10/el-estigma-de-la-prostitucion-y-la.html
Mi critica va para la manera en que se enfoca las dos realidades, Asi, para la realidad de la trata no hay recursos suficientes para atender a todos los derechos fundamentales que tienen las víctimas e incluso a veces pienso si se conoce el verdadero significado de víctima y lo que ello implica, en estas memorias de la experiencia de APIP, al igual que otras ONGs y asociaciones que atienden a las víctimas de trata o a las personas que lo pasan tan mal en prostitución que quieren dejarla pero no pueden por falta de alternativas reales, vemos que a lo más que pueden aspirar es a una "inserción socio- laboral" que se concreta por el paso de un piso compartido, comida, unos euros al mes, mientras reciben asesoría para aprender a hacer curriculums, formación no reglada (no conozco ningún caso de formación reglado como la ESO la FP o los GRADOS) y ofertas de trabajo que se limitan a los peores cualificados y peores pagados. Ciertamente se las ha sacado de un entorno de violencia y se les devuelve" la parte más pobre, la posibilidad de no "cosificarse" y a falta de otro valor, usar su cuerpo, vía la trata o no, como único modo de ganarse la vida", pero después de un año o dos de esta primera atención ¿qué pasa con ellas? ¿Alguien se ha parado a pensar si los escasos recursos de los que se ha dotado a las víctimas ha servido para que realmente progresen y no vuelvan a estar nunca más en situación de exclusión social o en las franjas del umbral de la pobreza o lo que es peor todavía, vuelvan al contexto de prostitución?
Encuentro a faltar que se haga público, con el mismo enfásis que se hace público que han sido rescatadas de la violencia, el seguimiento después de tres-cinco-seis años de la implementación de los programas. Sólo así sabriamos si de verdad han sido efectivas las intervenciones y no tienen que volver a "usar su cuerpo"(sic) en prostitución o en otro ámbito laboral.
Por contra, si que conozco casos y muchos de ascenso social en mujeres que de manera voluntaria han ejercido la prostitución, han accedido a una buena vivienda (sin humedades, amplias, luminosas), sus hijos han estudiado formación reglada y viven sin pasar apuros económicos, eso si, han de ocultar cómo lo han conseguido ya que su dignidad por lo que algunas almas dejan entrever está en su vagina.
Muchas gracias
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