Seguramente el mobbing es tan antiguo como la humanidad. Pero sólo desde hace algunos años se le ha puesto nombre, y sobre todo se ha tomado conciencia de esas situaciones donde alguien le coge manía a un compañero de trabajo hasta el punto de montar una auténtica campaña hostil en su contra. Eso se ha dado siempre y lástima de la empresa que tiene un petardo/a con problemas de conducta, de autoestima, que se va de bareta, porque verá una víctima propicia en cualquier persona a la que juzgue contraria.
El mobbing suele ser un maltrato oculto, escondido, tan sutil que a veces sólo es visible para el propio afectado. Sutiles humillaciones que van cavando un hondo abismo en la autoestima y la confianza. Tal vez por eso la víctima, sola y aislada, a menudo se topa con la incredulidad del entorno hasta el punto de dudar del infierno que está sufriendo en su propia piel. El agresor pasa por ser una persona encantadora, con una imagen exterior bastante positiva y una gran habilidad para no dejar rastros o huellas de su acoso. Con todos estos condicionamientos se entiende que sea tan difícil demostrar un caso de hostigamiento laboral.
Y es que nadie puede estar a salvo del acoso laboral. El 15% de los trabajadores españoles en activo padece mobbing. Afortunadamente cada vez hay más sentencias que condenan este tipo de maltrato psicológico, aunque lo habitual es que acabes deseando que acabe ru contrato para marcharte a la calle, y sólo tu crédito y el hecho de haya 5 millones de parados en España evita que te hayas marchado hace días. Para ser reconocido como mobbing el hostigamiento ha de producirse con frecuencia (por lo menos una vez a la semana) y durante un periodo prolongado (al menos durante seis meses).
El mobbing no tiene por qué ser del jefe hacía un trabajador/a, de los subalternos hacia un superior y horizontal, por parte de un compañero/a de igual rango.
El más habitual es el que se da de compañero a compañero: me refiero a esa persona encantadora, según todos los demás, que desde el día que pisaste el centro de trabajo te dijo en la cara que el puesto se lo merecía una amiga suya y que no esperaras la menor colaboración. Ese tipo de acosadores pasa el tiempo criticando el trabajo o la vida personal de la víctima, incluso ignorándola delante de otros, haciéndole el vacío, no dirigiéndole la palabra y reteniendo información importante para realizar su trabajo.
También manipulan la reputación: ridiculizando, parodiando al afectado y difamándole difundiendo comentarios negativos o extendiendo falsos rumores para menoscabar su reputación. Lo que en periodismo se llama "matar al personaje".
Otro punto propio del acosador: Intromisiones en la intimidad: abriendo su correo electrónico, escuchando sus conversaciones telefónicas, revisando sus papeles, armarios, mesa o cajones o incluso destruyendo o robándole documentos y objetos importantes.
La respuesta
La cuestión es que el matratador puede dar con una persona débil, vapuleada, arrastrarla incluso al suicidio. Cuando se mete con personas ya formadas y maduras, hay una sibilina coreografía que sólo es comprensible porque el trabajo sea realmente interesante y/o bien remunerado y sobre todo por la crisis y los 5 millones de parados. La violencia se descarta, aunque imagino que entre mujeres, es mejor habitual. ¿Denunciar al jefe? La respuesta suele ser "ponte en tu sitio". ¿Denunciar a las autoridades? Hay que tener pruebas muy claras.
Una enfermedad profesional
Pese a que los golpes del acoso laboral puedan ser sutiles, sus consecuencias llegan a ser demoledoras para la víctima. Nervios, insomnio, migrañas, afecciones cutáneas, fatiga crónica, caída del cabello, palpitaciones, gastritis, dificultades respiratorias… son algunos de los efectos físicos y psíquicos que el mobbing puede provocar en la víctima. La pérdida de confianza, el estrés, la inseguridad e incluso la depresión también conllevan a menudo el aislamiento social de la persona o conflictos familiares y de pareja. El desenlace final puede ser la baja laboral, el cese voluntario o la incapacidad permanente. El trauma de sufrir acaso laboral se verá más o menos agravado dependiendo de los apoyos, afecto y comprensión que la persona reciba tanto en el ámbito laboral como en el familiar.
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