Carmen Cordón ha presentado la novela sobre el secuestro de su padre Publio por el GRAPO
"He llorado, sufrido y removido lo más profundo de mi ser para unir coherentemente cada una de las palabras que conforman esta novela"
El "grapo" Silva Sande ha confesado el emplazamiento de la casa en la que Publio Cordón estuvo secuestrado, murió al caer por un balcón y fue enterrado.
Carmen Cordón, que ejerce profesionalmente como periodista económica, en Mallorca, presenta el libro "Historia de un secuestro" catorce años después de que el Grapo secuestrara a su padre, el empresario aragonés de origen soriano, Publio Cordón. Carmen Cordón, hija de Publio Cordón, vive la búsqueda del cuerpo de su padre en el sur de Francia “con esperanza”. Fernando Silva Sande, ex miembro del GRAPO, ha pedido perdón públicamente en los medios de comunicación, ha reconocido la muerte de Publio Cordón, la casa dónde estuvo secuestrado el empresario y el lugar donde había sido enterrado. Carmen ni olvida, ni perdona.
Carmen Cordón, hija del empresario Publio Cordón, entra a la oficina con una sencillez que proclama su origen. Alta y esbelta, como una madonna del post-rafaelismo, lleva con naturalidad y gracia como una segunda piel un traje de ejecutiva ni muy oscuro ni muy claro. Sólo llama la atención la sencillez y elegancia de su atuendo y la ausencia de maquillaje. Mira directamente con sus ojos grandes, color café americano, heredados de su madre, Pilar Muro, y apoya sus palabras con movimientos precisos de sus dedos largos, como tenía costumbre hacer su padre, Publio Cordón, "el Romano", como se referían a él los Grapo.
Esta mujer, que ejerce profesionalmente como periodista económica en Mallorca, casada y con hijos, presenta el libro "Historia de un secuestro" catorce años después de que el Grapo secuestrara a su padre. Todo un vuelco ha dado la historia desde que Carmen Cordón decide publicar el libro, cuando se celebra el juicio, hasta que Fernando Silva Sande, el carcelero y presuntamente ejecutor, condenado por el secuestro, se levanta una mañana en su celda, se pone los ajados vaqueros, la camiseta publicitaria de una marca de leche y pide hablar con el juez porque va a contar de una vez por todas qué fue de Publio Cordón, catorce años después de su secuestro.
Porque el cadáver de su padre podría aparecer hoy en cualquier momento, en una casa situada en la Provenza francesa, ya que Fernando Sande Silva, visionario sin entrañas, ha confesado, posteriori, que Cordón yace enterrado en en la misma casa dónde lo tuvo secuestrado y de la que jamás salió vivo, porque falleció al intentar escapar por el balcón del edificio. Con la espalda rota y agonizante, la Policía busca a fecha de hoy los restos mortales del empresario y parece que podría encontrarlos en breve.
- ¿Por qué escribir un libro sobre el secuestro de tu padre, Carmen?
- El libro nace porque nosotros teníamos que contar nuestra verdad. No sabíamos nada de lo que le había ocurrido a nuestro padre tras el secuestro. Ya estaba bien de que todo el mundo hablara de lo que sabía y no sabía. Al final, tras el juicio, en el que tuvimos que ver a Silva Sande y al camarada Arenas y a su compañera a la cara, lo hablé con mi madre. Le dije que serían unas páginas que llevarían nuestra historia. Y esa sería nuestra verdad. Las cartas que escribió mi padre preso. Lo que pudo pasar por su cabeza mientras estaba secuestrado. Seguro que urdía mil planes para huir, porque ya sabes cómo era mi padre, que no se quedaba quieto. Queríamos dejar atrás también la maledicencia, que tanto daño ha hecho. Fue inhumano pasar por todo ello. Imagínate a mi madre. Rota por el dolor y obligada a leer o escuchar semejantes infundios como que él se había escapado a un país de Sudamérica. Juan Alberto Belloch no ayudó precisamente mucho siento ministro. En este sentido y en muchos, el libro es un homenaje a mi madre, por supuesto.
- Seguro que no fue un preso tranquilo y que intentaría las mil y una para fugarse...
- Pues si te descuidas hasta les colaría que era republicano, marxista o lo que fuera para comerles el tarro, porque podía ser muy convincente y no se quedaba quieto. Pero habría otros momentos en los que pensaría en mi madre, en nosotros, en Publito, en la abuela Beni. Tuvo que ser angustioso.
- Tu abuela Benita Munilla, la madre de Publio, falleció sin saber qué fue de su hijo. Y tu madre ha tenido que soportar mucho. ¿Cómo tienes fuerza tú para hablar de este libro, tan serena?
- Ufff... Serena... Porque me rodeo de una burbuja y hago como si contara una película que no va conmigo. Tengo que aislarme mucho para hablar del libro. Te cuento que mis hermanas no han podido siquiera leer el libro. No lo han resistido. Se trata de mi padre. He llorado mucho. Eramos padre e hija y cómplices. Nos entendíamos sin palabras. Hay en este libro tanto sufrimiento, tanta incertidumbre, tanta pena, tanta rabia, tanta esperanza que se va. La abuela Beni, mi madre, toda la familia ha sufrido mucho y eso queda también reflejado en el libro. Yo soy periodista económica y desde luego que he llorado, sufrido y removido lo más profundo de mi ser para unir coherentemente cada una de las palabras que conforman esta novela.
- Y casi con el libro en la calle, el terrorista Silva Sande decide contarle al juez que tu padre falleció al caer por una ventana en el sur de Francia, mientras intentaba huir.
- Si, pero no pienses que eso es nuevo para nosotros. Lo que no sabíamos era dónde. Algún Grapo que quiso cobrar la recompensa ya nos había adelantado muy en secreto en Sevilla, por miedo a represalias, que mi padre habría podido morir al intentar huir por una ventana. O incluso ser ajusticiado, que dicen ellos, por Silva Sande.
- ¿Querían cobrar la recompensa?
- Pues claro. Pero les pedíamos pruebas concretas y no pudieron aportarlas.
- ¿Por qué sabían la posible muerte pero no el lugar?
- Por el modus operandi de esta gente. Funcionan como células aisladas, sin información precisa unos de otros, de modo que si la Policía o la Guardia Civil les detiene, no pueden decir gran cosa del trabajo de los demás. Vamos, por llamarlo trabajo. Están buscando en una zona acotada próxima a Mont Ventoux.
- ¿Silva declaró algo que os fuera útil durante el juicio?
- Absolutamente nada. Es que incluso nos miraba como si no fuera nada con él. Y le hicimos llegar bajo mano que nos dijera lo que fuera sobre el fin de mi padre, sin miedo a represalias, porque nosotros intentaríamos ayudarlo por colaborar, hablando con jueces, el ministros... yo que sé... Y no hubo modo. Habíamos perdido ya la esperanza, porque no obtuvimos respuesta.
- ¿Entonces pudisteis hablar con él durante el juicio?
-No, no. Ni pestañeaba a vernos. Fue a través de su abogada. Y de repente cuenta que mi padre se murió al intentar huir.
- ¿Tú lo crees Carmen?
- O eso, o que lo mató. A la gente que conoce a Silva no le extraña nada. Lo primero que sentí cuando escuché que mi padre había caído por una ventana y había muerto se me abrió una herida en el alma al pensar en sus últimos momentos en manos de Silva Sande, que es un psicópata, un asesino sin escrúpulos, da miedo.
- A Sande lo dejaron sólo los "suyos" . Condenado a 28 años de cárcel por el secuestro, decide hablar voluntariamente. Dice que tu padre cayó por la ventana y se partió la espalda. ¿Le concedéis credibilidad?
- Al ver que dejaban el libertad al camarada Arenas, el cerebro de la banda, y a su compañera, creo que pensó que mejor era colaborar con la Justicia que comerse él todo el marrón. Y de ahí que haya confesado y que estén buscando en el sur de Francia el cuerpo de mi padre. El querrá conseguir algún tipo de redención penitenciaria. Es el primer interesado en que aparezca el cadáver. Ha dicho lo que pasó porque él fue quien custodiaba a mi padre durante el cautiverio, es la primera gran pista que tenemos, a la que se puede agarrar la Guardia Civil para encontrar el cadáver.
- De sus declaraciones se deduce que fue una muerte accidental. Aunque hablamos de un psicópata.
- Ya te digo que también pudo ser un asesinato a sangre fría, como consecuencia de una caída desde el balcón de la casa en la que estuvo secuestrado. Quizás hubo falta de socorro tras la agonía de varios días tras ser maniatado y encerrado en un armario. Es en esa casa, entre Toulouse y Burdeos donde puede estar enterrado mi padre. Que mi padre intentara escapara, conociendo a mi padre, seguro.
- ¿Un buen epílogo?
- Poder darle a mi padre cristiana sepultura, que es lo menos que se merece, y cerrar todos un capítulo muy duro de la vida. Bueno, cerrar es un decir.
- ¿Tú perdonas?
- Ni pensarlo. Cuando encuentren a mi padre, se podrá reabrir el caso y enjuiciar a los responsables por asesinato, pero yo no perdono estos trece años de tortura y de falsedades.
Carmen y yo nos miramos. "Te pareces cada vez a tu madre", le susurro. Pero no digo que es clavada en su modo de actuar, de moverse a Publio Cordón. Ella lo sabe. Ha terminado la entrevista que ha estado teñida por la complidad quizás por haber conocido a su padre. De hablar hablado alguna vez con él de si iba a ser o no ministro con José María Aznar. De su origen soriano, como mi padre. Del drama de aquellos días en los que desapareció Publio. Del dolor de Pilar Muro y de la belleza de esta esposa madre dura como el sarmiento, cincelada por un artista como Miguel Angel al golpe de la desaparición de su marido y la maledicencia.